Uno de los desafíos más comunes que nos comparte nuestra comunidad, es el proceso de soltar y liberar. Por ello, en CASIA creamos este encuentro especial; una experiencia profunda de reconexión y relajación en plena naturaleza, donde cada paso nos acerca más a nuestro ser interior.
La caminata tuvo lugar en la Quebrada La Vieja, un sendero que serpentea a través de los Cerros Orientales, en la zona central de Bogotá. Este camino no solo nos ofrece la belleza de sus senderos montañosos, sino también la oportunidad única de conectar con el bosque alto andino y los cuerpos de agua naturales que descienden
de las alturas de los cerros, ofreciendo una serenidad inigualable.
Sabemos lo vital que es estar en total presencia y en armonía con la naturaleza, por lo que iniciamos la experiencia con una meditación para conectar con el espíritu de la montaña. A través de esta práctica, nos sumergimos en una profunda conexión con el entorno que nos rodea.
El ascenso comenzó con nuestra práctica de caminata consciente, una forma de caminar diferente a la del senderismo tradicional. Esta técnica invitó a cada participante a sumergirse en una experiencia sensorial plena, favoreciendo el silencio mental y la conexión profunda con cada paso dado.
A lo largo del camino, nos abrimos al encuentro con los elementales de la naturaleza, entregándoles todo aquello que ya queríamos soltar, permitiendo así un proceso de liberación. Además, tuvimos la oportunidad de aprender sobre el ecosistema local gracias a una guía ecológica, que nos compartió valiosa información sobre la fauna y flora que habita este sendero.
En nuestro recorrido, llegamos al majestuoso bosque de pinos, un lugar que nos ofreció la calma perfecta para realizar un viaje interior. A través de la meditación y ejercicios de liberación, cada participante vivió momentos de profunda reconexión y sanación. Pero también entendemos que la sanación no solo ocurre en solitario, sino en comunidad. Por eso, reservamos un espacio para interactuar en parejas, experimentando cómo la conexión con el otro puede ser un motor poderoso de transformación y sanación mutua.
La jornada culminó con un delicioso refrigerio, en medio de risas y reflexiones compartidas. Este encuentro no solo nos permitió conectar con la montaña, los árboles y las aguas, sino también con la vida misma, con los demás y, sobre todo, con nosotros mismos.